Logo
Diócesis de Jericó
Iglesia Católica en Colombia


 

Escudo Episcopal
Monseñor
José Roberto López Londoño

 

Escudo español, mantelado.  En campo de sable (negro) una espiga de oro;  en campo de azur una estrella de plata;  en campo de oro una rosa de gules.  Por timbre la cruz de oro;  por divisa la frase "Non ministrari sed ministrare" (Mt 20, 28) "No he venido a ser servido sino a servir".

El escudo mantelado es evocación de la honda espiritualidad de los Carmelos, fuente en la que el prelado ha bebido su fuerza mística.

El sable que da fondo al primer campo es el color de la prudencia, la honestidad, la discreción, el silencio y la sabiduría.  La espiga, signo hondamente vocacional, recuerda el apostolado más querido del Obispo:  la formación sacerdotal, a la que dedicó su ministerio presbiteral, cosecha de vida que ha de seguir floreciendo en la Iglesia de Jericó, cuna de vocaciones.  Esta espiga es, también, agradecido recuerdo de su formación en el Seminario de Medellín, donde también fue director espiritual.

La estrella de plata en el campo azur es María;  es la parcela jericoana que se postra ante el excelso trono de la Reina de las Mercedes, luz preciosa que ilumina los corazones de una raza fiel que descubre en la Madre de la Vida, la Estrella del camino, la Luz que nos anuncia el Sol de Justicia, la Madre que acuna con amor el corazón del pastor y del rebaño para llevarlos a Jesús.

En el campo de oro, la rosa de Jericó, perfumada alabanza bañada en el rojo de la sangre de Cristo.  Oro y rojo son evocación de los colores de la hidalga ciudad, son emblema y compromiso, pues el oro, color de fortaleza, esplendor de la caridad, nobleza, espiritualidad, identifica la Diócesis entera, mientras que la rosa, flor dignísima, anuncia el perfume de la oración que sube a la gloria.

El lema es de honda raíz evangélica:  "No he venido a ser servido, sino a servir" (Mt. 20, 28), pues el Obispo es servidor generoso de la inmensa grey en la que seguirá entregando su vida como pastor celoso y fiel del pueblo que le acoge.

La luz de Cristo, muy simple, es apoyo y fortaleza para la misión que se le ha encomendado, como seguimiento del camino de los Santos Pastores que le preceden han abierto en suelo bendito de Jericó, cuna de Santos y Mártires, "grato nido de amores, donde el alma feliz se recrea".