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Beata
Laura Montoya
Virgen y Fundadora
La beata Laura Montorya Upegui, segunda de tres hermanos, nació el 26 de mayo de 1874 en Jericó (Antioquia – Colombia).
Su padre fue asesinado cuando ella tenía solo dos años; los bienes de la familia fueron confiscados y el hogar quedó en la más precaria situación económica. Laura debió vivir en la finca del abuelo materno.
A la edad de 16 años, con el fin de ayudar a su familia, se presenta en
la Normal Superior graduándose de maestra con las máximas calificaciones.
Ejerció su profesión en varios pueblos de Antioquia y más tarde fue nombrada Directora del Colegio de
la Inmaculada de Medellín.
Contempla la posibilidad de ingresar a un convento carmelita, pero al darse cuenta que hay indios en la selva que ignoran completamente la existencia de Dios, se siente herida en el corazón y, renunciando a sus anhelos del claustro, decide dedicarse a catequizar y a ayudar a los indígenas. Será una misionera de avanzada, de primera línea.
Inicia su “Obra de los Indios”, como la llama ella, el 14 de mayor de 1914, saliendo de Medellín rumbo a Dabeiba a lomo de mula con cuatro jóvenes valerosas y su propia madre, que se convierte en misionera como la hija.
Nada podrá detener la expansión del apostolado de las misioneras forjadas y animadas por su espíritu. A su muerte, el 21 de octubre de 1949, sus hijas espirituales serán 467, en 92 casas esparcidad en toda la geografía de Colombia y además en Ecuador y Venezuela. La selva del Amazonas, las codilleras de Colombia, Venezuela y del Ecuadorson testigos de las hazañas de
la Madre Laura y de sus hijas, trepadoras de montañas y exploradoras de selvas en busca de indígenas que ayudar.
El secreto y eficacia de su obra estuvo siempre en su ideal paulino: “Hacerse india con los indios para ganarlos a todos para Cristo”.
Oración
Señor y Dios nuestro, que concediste a tu sierva Laura el gozo de la filiación y el celo por la salvación de los infieles, haz que, como ella, celebremos agradecidos el don de tu paternidad y participemos con generosidad e infatigable entrega en la tarea evangelizadota de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo. |